Silver Chips Online

Cruzando la peligrosa frontera

By Meaghan Mallari, Online Managing Editor and Natasha Prados, Online Managing Editor
May 25, 2006
Escrito por Audrey Kubetin, Redactora del periódico de Silver Chips

Donde se usa el primer nombre, éste ha sido cambiado para proteger la identidad de las personas.

Cuando Misael Cruz, del grado nueve, oyó un helicóptero sobre su cabeza, sintió un salto en su corazón. Después de pagar $3.000 para ser escoltado ilegalmente a través de algunas 1.500 millas entre El Salvador y la frontera de los EE.UU. y Méjico, Cruz entró a tierra americana — solamente para ser descubierto por la patrulla de la frontera de los EE.UU.

Guiado por el reflector del helicóptero, un carro de la policía encontró el camión donde se encontraba Cruz sentado, rodeado por un grupo de inmigrantes ilegales de América Latina. Él fue arrestado, encarcelado y eventualmente liberado por sus padres, quienes llegaron a los EE.UU. hace casi dos décadas. Desde su arresto casi 18 meses atrás, Cruz ha comparecido ante un árbitro cuatro veces durante su período de prueba con cargos de inmigración, pero su futuro no es seguro: El destino de Cruz depende en cómo los EE.UU. diseñe y establezca la reforma política de inmigración.

El diciembre pasado, la Cámara de Representantes pasó un proyecto de ley que hace el ser un inmigrante ilegal, un delito grave. Aumentó la seguridad a lo largo de las 2.000 millas en la frontera entre los EE.UU. y Méjico. En los meses después de la aprobación del proyecto de ley, llamado HR-4437, muchas manifestantes se han unidos en solidaridad a lo largo del país para apoyar los derechos de los aproximadamente 11 millones de inmigrantes ilegales que viven en los EE.UU. En Washington D.C., las protestas han atraído a más de 500.000 partidarios, según un comunicado de prensa de CASA de Maryland, una organización que apoya los derechos Latinos.

Si el proyecto de ley HR-4437 se aprueba, podría enviar a muchos Blazers indocumentados y a sus familias de vuelta a sus países después de que han arriesgado todo por estar aquí. No obstante, Cruz y otros inmigrantes ilegales en Blair están de acuerdo de que no les importa el riesgo o las consecuencias, ellos volverían a arriesgarlo todo otra vez para regresar a los EE.UU. En sus ojos, América ofrece un futuro que es demasiado prometedor para ser rechazado.

Buscando tierra segura

Para los padres de Cruz, los EE.UU. ofrecía un santuario a la violencia que había inundado su país nativo. Cuando los guerrilleros pelearon contra el gobierno por el control político durante los 80, una guerra civil destruyó a El Salvador. Más de 70.000 personas murieron durante el conflicto que duró doce años, y más de 300.000 huyeron del país.

Cuando las violentas gangas empezaron a alistar jóvenes salvadoreños cerca del pueblo de Cruz, sus padres huyeron a los EE.UU., dejando a Cruz de siete meses de edad con sus abuelos.

La violencia de las gangas se extendió fuera de El Salvador. Cuando las gangas se extendieron a su país nativo de Honduras, Antón, del grado nueve, vió la caída de su familia. Once años atrás, sus padres inmigraron a los EE.UU., dejando a Antón en la custodia de su abuela. Antón creció y las gangas empezaron a acosarlo en su escuela. Cuando su madre se dio cuenta que las gangas querían alistar a su hijo, le dijó a Antón que necesitaba salir de Honduras.

Para llegar a los EE.UU., Antón pagó $5.000 a un "coyote", un contrabandisto empleado para ayudar a los inmigrantes ilegales a cruzar la frontera. Antón viajó en autobús de Honduras a Méjico, donde el coyote lo guió a él y a 17 otros inmigrantes por el desierto a la frontera de los EE.UU.

Por tres días y tres noches, el grupo viajó arduamente por el desierto sin comida y con poca agua. Los inmigrantes caminaron hasta que llegaron a San Antonio, Tejas, donde fueron capturados y detenidos. Después de ser encarcelado por tres meses en una cárcel para jóvenes en Houston, su madre completó los papeles necesarios y a Antón le fue otorgado protección temporaria del gobierno.

Levántense, pónganse de pie

El 10 de abril, Antón y Cruz se unieron a la multitud de 500.000 participantes reunidos en protesta a la ley que hace criminales a los ciudadanos ilegales en los EE.UU. El grupo de manifestantes marchó por Washington, D.C., hasta el Monumento de Washington, llevando carteles que decían "Alto a la HR-4437" y "Nosotros no somos criminales".

Para los inmigrantes sin documentos legales viviendo en los EE.UU., las amenazas de encarcelamiento del proyecto de ley y la deportación posible tal vez no puede pesar más que los esfuerzos que ellos pasaron por entrar al país. Cruz explica que si fuera deportado, de buena gana él repetiría todo su calvario — el precio de $3.000, las 1.500 millas de viaje por autobús, el arresto y la noche encarcelado — por regresar a los EE.UU. Antón promete lo mismo.

http://silverchips.mbhs.edu/story/6765